domingo, 20 de septiembre de 2009

Ceremonias


Jardín Japonés - Buenos Aires - Festival del Fuego

Por Claudio Eiriz
Los suntuosos muebles de última generación; la nueva pintura color pastel y hasta el más sofisticado reproductor de música cuadrofónico con entrada para seis auriculares, no son otra cosa que un mero telón de fondo. Son apenas escenografías que invitan a realizar esa sucesión de ceremonias que parece ser la vida
El grado cero de la ceremonia es, a lo mejor, no otra cosa, que estar allí con el otro, sabiendo que está allí y nada más. El hace lo suyo, yo hago lo mío, y por alguna razón nos reconocemos como dos especimenes de una misma especie. Lo que nos hace comunes, sin embargo, no parece ser tan fácil de discernir. A lo mejor es la ceremonia misma la que nos constituye como momentos diversos de un mismo devenir. Es en esa sucesión de ceremonias que nos vamos desplegando, creándonos y recreándonos. Somos la ocasión para que una ceremonia se realice, se reproduzca y al mismo tiempo para reproducirnos.

Marx en el capítulo uno de El Capital se preguntaba qué significa que 75 kilogramos de de trigo y 100 kilogramos de hierro tengan la misma relación de cambio. Y se respondía que en esos objetos diferentes había algo en común. Algo que podía ponerlos en relación, algo que, digámoslo así, en un nivel de integración superior, los hacía miembros de una misma clase de cosas, de modo tal que podían, en virtud de ello ser intercambiadas. Esta cosa en común era pues, la cantidad de trabajo promedio que se requiere para producir cada mercancía.

Qué es lo que hace que María y Juan, en tanto sujetos tan diferentes, estén en una relación de pareja. Es decir, que algo los empareje; que haga posible que puedan hacer intercambios. María y Juan pueden ponerse en relación puesto que las ceremonias que constituyen el ser una pareja es lo que, por decirlo así, los envuelve. El ser una pareja es el nivel superior que los integra; su contexto. Este nivel está constituido por ceremonias que, en términos prácticos, son acciones coordinadas en sistemas de conjunto producidos históricamente. O como diría Humberto Maturana, “coordinaciones de acciones consensuales”.

Dicen que Pitágoras hablaba a sus discípulos detrás de un telón para que no lo vieran. En alguna medida parece que la filosofía ha tenido un origen teatral. Un mínimo telón de fondo para la ceremonia del pensar. Kant ha entendido que la cosa en sí estaba detrás del telón, lugar al que, como seres limitados, no podemos acceder. Creo que fue Hegel quién dijo que detrás del telón no hay otra cosa que nosotros mismos.
La verdad, es posible pensar, está en las ceremonias mismas y su devenir. No sólo somos hablados. Creo que para ser seres humanos debemos ser “Ceremoniados”

La ceremonia del té, en Japón, requiere años de práctica y aprendizaje. Lo importante es que los actos de hacer, servir y beber el te deben realizarse “de la manera más perfecta, más educada, más graciosa y más encantadora posible”

En los actos simples de servir el te, de acariciar, o abrir un telón está conservada toda nuestra cultura. Desplegarnos en ellos y perfeccionarlos es talvez nuestro desafío.

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