lunes, 5 de octubre de 2009

Umbrales


Por Claudio Eiriz

Días pasados por no pelear con mi suegra, se me dio por tomármela con los psicofísicos.
Y le dije a mi mujer lo siguiente:

“Para los psicofísicos un umbral es el punto en el que un estímulo, o una diferencia entre estímulos, comienza a ser perceptible o desaparece.
En principio, diré que en psicofísica hay dos tipos de umbrales. Uno es el umbral absoluto; el otro, el umbral diferencial
La teoría del umbral absoluto postula que hay un límite por debajo del cual nuestro sistema sensorial no “registra” el estímulo. Un ejemplo de esto está dado por el hecho de que frecuencias que están por de bajo de los 20 ciclos por segundo no son detectadas como sonido.
La teoría del umbral diferencial describe el comportamiento del sistema sensorial cuando los estímulos son superiores al umbral absoluto.
Cuando miramos el cielo por la noche, se nos hace claro que la luminosidad de las estrellas es diversa. De todos modos, no es extraño advertir que, algunas de las estrellas en cuestión parecen brillar con la misma intensidad. Sin embargo, en términos físicos el “brillo”, o mejor, aquello que causa al sensación de brillo, es distinto.
El umbral diferencial constituye, entonces, la mínima diferencia que, en términos físicos, se requiere para que una diferencia, en términos psicológicos, sea percibida.
Es decir que un algo del “mundo real” afecta a un órgano sensorial de modo tal que a partir de cierta magnitud ese órgano sensorial da algún tipo de respuesta.

Esta definición presupone tener en cuenta la existencia de una conciencia y un mundo exterior bien diferenciados. Además distinguir que, en ese mundo exterior, hay algo perfectamente identificable que transmite algún tipo de energía, que se suele denominar estímulo. Esta energía va a afectar a un órgano sensorial perteneciente a una conciencia. A su vez, dentro de ese órgano sensorial, deberá existir algún tipo de mecanismo que “decide”, a partir de qué cantidad de esa energía, esa misma energía se convierte en sensación. La sensación es esa respuesta que un observador exterior al sistema que estamos analizando detecta en ese sistema. Desde luego, ese observador exterior detectará eso que denominamos respuesta (y que ahora se ha convertido para él en un estímulo) utilizando, él también, algún tipo de sistema sensorial.
Esto que supone la psicofísica (o al menos esta psicofísica escolar a la que estoy aludiendo) es solo eso: una suposición.
La psicofísica escolarizada pone a ese observador fuera del sistema que observa. Del mismo modo que uno estructura una oración primero poniendo al sujeto (por ejemplo “Juan”) y luego “vistiéndolo” de algunas características, que es eso que llamamos predicado (por ejemplo, “es petiso y fiero")
Pero ese observador fuera del sistema molesta. Porque el observador también observa mediante un sistema sensorial y a su vez es observado por otro ente que también tiene un sistema sensorial. Esto puede seguir así infinitamente. Lo cual constituye algo insoportable.
Un órgano sensorial es algo que porta un mecanismo que “decide” a partir de qué cuantum una diferencia en el mundo físico convierte en información.

Ahora bien, la cultura entera es una suerte de “red de relaciones” que decide a partir de qué punto "algo", en algún sentido es igual, parecido o diferente a otro "algo", para alguien.
Se me dirá que esto no puede ser; que esa red no puede decidir nada; que no es más que una idea que sólo existe en el cielo platónico y que el que decide tiene , necesariamente, que ser un sujeto portador de un metabolismo propio. Responderé que no. Según mi parecer, lo que decide es la red de relaciones. Es esa misma red a la que creo que Hegel denominó espíritu y que se lo puede denominar también sujeto. Los umbrales que delimitan el punto en que algo deja de ser una mera broma para convertirse en un insulto, o que algo deja de ser un “piropo” para convertirse en una “guarangada”, lo determina esa red de relaciones que fue constituida históricamente. Esta red tiene cierta estabilidad, aunque como sabemos vale para un determinado tiempo y lugar. Podemos denominar a esto red de relaciones; espíritu; mente; intersujeto , sujeto, terceridad, contexto, lugar del observador o como queramos llamarlo, pero allí está.
Juan (el de la oración) puede ser “vestido” de infinitos predicados. Sin embargo cuando digo que Juan es petizo, lo digo porque hago un recorte; limito el espacio de atribuciones que puedo hacer acerca de Juan. Es decir, digo que Juan, en cuanto a su talla, es petiso. Ahora bien, la idea misma de talla y la jerarquía que la talla tiene en una cultura para describir a un hombre, es una cuestión de umbrales de esa red de relaciones. Además decir que Juan es petiso implica saber cuál es el umbral por debajo del cual Juan comienza a serlo. Entonces Juan mismo está mucho más presente en la red de relaciones, que es en definitiva su condición de posibilidad, que en una presunta sustancia a la que se la va vistiendo con atributos”.

Visto de este modo, le dije a mi mujer, que ya se la notaba desorbitada, la psicofísica es una sólo una rama del estudio de la cultura.

Acto seguido, mi mujer hizo las valijas y se fue de casa. Argumentó que un poco de intelectualidad estaba bien, pero que yo ya la tenía podrida. En parte, tiene razón pensé yo. Pero irse y dejarme en casa a la madre es demasiado.

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