lunes, 19 de marzo de 2012

Cómo hacer un Sonomontaje. Curso en la UP

Curso de sonomontaje en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Les dejo el link para informarse o inscribirse. http://fido.palermo.edu/servicios_dyc/opendc/detalle_curso.php?id_curso=4056

lunes, 5 de octubre de 2009

Umbrales


Por Claudio Eiriz

Días pasados por no pelear con mi suegra, se me dio por tomármela con los psicofísicos.
Y le dije a mi mujer lo siguiente:

“Para los psicofísicos un umbral es el punto en el que un estímulo, o una diferencia entre estímulos, comienza a ser perceptible o desaparece.
En principio, diré que en psicofísica hay dos tipos de umbrales. Uno es el umbral absoluto; el otro, el umbral diferencial
La teoría del umbral absoluto postula que hay un límite por debajo del cual nuestro sistema sensorial no “registra” el estímulo. Un ejemplo de esto está dado por el hecho de que frecuencias que están por de bajo de los 20 ciclos por segundo no son detectadas como sonido.
La teoría del umbral diferencial describe el comportamiento del sistema sensorial cuando los estímulos son superiores al umbral absoluto.
Cuando miramos el cielo por la noche, se nos hace claro que la luminosidad de las estrellas es diversa. De todos modos, no es extraño advertir que, algunas de las estrellas en cuestión parecen brillar con la misma intensidad. Sin embargo, en términos físicos el “brillo”, o mejor, aquello que causa al sensación de brillo, es distinto.
El umbral diferencial constituye, entonces, la mínima diferencia que, en términos físicos, se requiere para que una diferencia, en términos psicológicos, sea percibida.
Es decir que un algo del “mundo real” afecta a un órgano sensorial de modo tal que a partir de cierta magnitud ese órgano sensorial da algún tipo de respuesta.

Esta definición presupone tener en cuenta la existencia de una conciencia y un mundo exterior bien diferenciados. Además distinguir que, en ese mundo exterior, hay algo perfectamente identificable que transmite algún tipo de energía, que se suele denominar estímulo. Esta energía va a afectar a un órgano sensorial perteneciente a una conciencia. A su vez, dentro de ese órgano sensorial, deberá existir algún tipo de mecanismo que “decide”, a partir de qué cantidad de esa energía, esa misma energía se convierte en sensación. La sensación es esa respuesta que un observador exterior al sistema que estamos analizando detecta en ese sistema. Desde luego, ese observador exterior detectará eso que denominamos respuesta (y que ahora se ha convertido para él en un estímulo) utilizando, él también, algún tipo de sistema sensorial.
Esto que supone la psicofísica (o al menos esta psicofísica escolar a la que estoy aludiendo) es solo eso: una suposición.
La psicofísica escolarizada pone a ese observador fuera del sistema que observa. Del mismo modo que uno estructura una oración primero poniendo al sujeto (por ejemplo “Juan”) y luego “vistiéndolo” de algunas características, que es eso que llamamos predicado (por ejemplo, “es petiso y fiero")
Pero ese observador fuera del sistema molesta. Porque el observador también observa mediante un sistema sensorial y a su vez es observado por otro ente que también tiene un sistema sensorial. Esto puede seguir así infinitamente. Lo cual constituye algo insoportable.
Un órgano sensorial es algo que porta un mecanismo que “decide” a partir de qué cuantum una diferencia en el mundo físico convierte en información.

Ahora bien, la cultura entera es una suerte de “red de relaciones” que decide a partir de qué punto "algo", en algún sentido es igual, parecido o diferente a otro "algo", para alguien.
Se me dirá que esto no puede ser; que esa red no puede decidir nada; que no es más que una idea que sólo existe en el cielo platónico y que el que decide tiene , necesariamente, que ser un sujeto portador de un metabolismo propio. Responderé que no. Según mi parecer, lo que decide es la red de relaciones. Es esa misma red a la que creo que Hegel denominó espíritu y que se lo puede denominar también sujeto. Los umbrales que delimitan el punto en que algo deja de ser una mera broma para convertirse en un insulto, o que algo deja de ser un “piropo” para convertirse en una “guarangada”, lo determina esa red de relaciones que fue constituida históricamente. Esta red tiene cierta estabilidad, aunque como sabemos vale para un determinado tiempo y lugar. Podemos denominar a esto red de relaciones; espíritu; mente; intersujeto , sujeto, terceridad, contexto, lugar del observador o como queramos llamarlo, pero allí está.
Juan (el de la oración) puede ser “vestido” de infinitos predicados. Sin embargo cuando digo que Juan es petizo, lo digo porque hago un recorte; limito el espacio de atribuciones que puedo hacer acerca de Juan. Es decir, digo que Juan, en cuanto a su talla, es petiso. Ahora bien, la idea misma de talla y la jerarquía que la talla tiene en una cultura para describir a un hombre, es una cuestión de umbrales de esa red de relaciones. Además decir que Juan es petiso implica saber cuál es el umbral por debajo del cual Juan comienza a serlo. Entonces Juan mismo está mucho más presente en la red de relaciones, que es en definitiva su condición de posibilidad, que en una presunta sustancia a la que se la va vistiendo con atributos”.

Visto de este modo, le dije a mi mujer, que ya se la notaba desorbitada, la psicofísica es una sólo una rama del estudio de la cultura.

Acto seguido, mi mujer hizo las valijas y se fue de casa. Argumentó que un poco de intelectualidad estaba bien, pero que yo ya la tenía podrida. En parte, tiene razón pensé yo. Pero irse y dejarme en casa a la madre es demasiado.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Ceremonias


Jardín Japonés - Buenos Aires - Festival del Fuego

Por Claudio Eiriz
Los suntuosos muebles de última generación; la nueva pintura color pastel y hasta el más sofisticado reproductor de música cuadrofónico con entrada para seis auriculares, no son otra cosa que un mero telón de fondo. Son apenas escenografías que invitan a realizar esa sucesión de ceremonias que parece ser la vida
El grado cero de la ceremonia es, a lo mejor, no otra cosa, que estar allí con el otro, sabiendo que está allí y nada más. El hace lo suyo, yo hago lo mío, y por alguna razón nos reconocemos como dos especimenes de una misma especie. Lo que nos hace comunes, sin embargo, no parece ser tan fácil de discernir. A lo mejor es la ceremonia misma la que nos constituye como momentos diversos de un mismo devenir. Es en esa sucesión de ceremonias que nos vamos desplegando, creándonos y recreándonos. Somos la ocasión para que una ceremonia se realice, se reproduzca y al mismo tiempo para reproducirnos.

Marx en el capítulo uno de El Capital se preguntaba qué significa que 75 kilogramos de de trigo y 100 kilogramos de hierro tengan la misma relación de cambio. Y se respondía que en esos objetos diferentes había algo en común. Algo que podía ponerlos en relación, algo que, digámoslo así, en un nivel de integración superior, los hacía miembros de una misma clase de cosas, de modo tal que podían, en virtud de ello ser intercambiadas. Esta cosa en común era pues, la cantidad de trabajo promedio que se requiere para producir cada mercancía.

Qué es lo que hace que María y Juan, en tanto sujetos tan diferentes, estén en una relación de pareja. Es decir, que algo los empareje; que haga posible que puedan hacer intercambios. María y Juan pueden ponerse en relación puesto que las ceremonias que constituyen el ser una pareja es lo que, por decirlo así, los envuelve. El ser una pareja es el nivel superior que los integra; su contexto. Este nivel está constituido por ceremonias que, en términos prácticos, son acciones coordinadas en sistemas de conjunto producidos históricamente. O como diría Humberto Maturana, “coordinaciones de acciones consensuales”.

Dicen que Pitágoras hablaba a sus discípulos detrás de un telón para que no lo vieran. En alguna medida parece que la filosofía ha tenido un origen teatral. Un mínimo telón de fondo para la ceremonia del pensar. Kant ha entendido que la cosa en sí estaba detrás del telón, lugar al que, como seres limitados, no podemos acceder. Creo que fue Hegel quién dijo que detrás del telón no hay otra cosa que nosotros mismos.
La verdad, es posible pensar, está en las ceremonias mismas y su devenir. No sólo somos hablados. Creo que para ser seres humanos debemos ser “Ceremoniados”

La ceremonia del té, en Japón, requiere años de práctica y aprendizaje. Lo importante es que los actos de hacer, servir y beber el te deben realizarse “de la manera más perfecta, más educada, más graciosa y más encantadora posible”

En los actos simples de servir el te, de acariciar, o abrir un telón está conservada toda nuestra cultura. Desplegarnos en ellos y perfeccionarlos es talvez nuestro desafío.

Emilio Saad polígrafo

Por Claudio Eiriz

Emilio Saad es un escritor argentino. Nació en Tucumán y vive en Buenos aires desde que era chico.
Es periodista, guionista de historietas, escritor, y dramaturgo.

Como autor de historietas ha trabajado para diversas publicaciones argentinas, colaborando con autores Como Oesterheld y Robin Wood y dibujantes como Horacio Altuna y Ernesto García Seijas.
Desde 1985, tras formalizar estudios sobre “Teoría del teatro”, conduce talleres de análisis sobre la obra de diversos dramaturgos, argentinos y extranjeros, y da cursos de “Historia del teatro argentino”. Entre 1987 y 1989 escribe y estrena diversas obras (“Vuelta entera”, “Visita guiada a Chejov”, “Los días de Discépolo”, “Las mujeres de Arlt” y “Flotar como la nube”).
En 1990 su cuento “La regadera que jugaba al carnaval” fue premiado en un concurso realizado por la “Fundación El Libro”, Alija y Editorial Colihue, y se publicó poco después en la antología “¡Ufa! Seis cuenteros más!”
Entre 1997 y 2002 condujo un taller de periodismo e historietas para chicos de la calle. El producto de este taller fueron los veinte números de la célebre revista Chicos de la Calle en Buenos Aires, que fuera considerada de interés nacional por la Cámara de Diputados de la Nación.
Por esos mismos años ha escrito y estrenado más de veinte obras para adolescentes, dentro de distintos programas de formación teatral, auspiciados por la (entonces) Secretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Entre ellas “Detrás de la puerta” (convertida luego en una ópera de cámara con música del autor de este blog), “·Plaza abierta”, “Romance del héroe”, “De bares y de pájaros”, “Borges en la esquina rosada” etc.
Ha publicado los cuentos “El recreo del sombrero” en la antología “¡Todos al recreo!” (2005) de Editorial Amauta y “El ovillo del destino”, en “La última rebelión” (2006), de la misma editorial. También en 2006 Editorial Crecer Creando lanzó al público su novela “La casa de las ánimas”. A principios de este año una editorial rosarina, Prohistoria, reunió en un volumen las “Charlas en el colectivo”, que habían salido semanalmente durante el año anterior, en el suplemento escolar del diario La Capital de Rosario. Recientemente Editorial Estrada publicó su novela “El Familiar, una historia de terror” que desarrolla las creencias y tensiones sociales de su Tucumán natal: todo ello visto por un adolescente, en plena Década Infame.
Pero además Emilio Saad es dibujante, operador social y en especial (para mí) es un gran amigo mío.
(foto de mi amigo Emilio Saad)

Con Emilio he aprendido ciertos temas acerca de la escritura que, a lo mejor, son los temas de todas las artes. Con muy pocas personas en mi vida he podido hablar de la estructura, del equilibrio y de esa clase de asuntos. Y con muchas menos personas he podido frecuentar estos temas mediados por un gran afecto.
Yo conozco gran parte de la obra inédita de este gran polígrafo que es Emilio Saad. De hecho tiene una serie de novelas que conforman una saga y un maravilloso libro de cuentos. Emilio Saad es, no solo un escritor. Además es un genio. Soy en general pesimista. Pero creo que el tiempo pondrá las cosas en su lugar. Y se considerará a Emilio entre los Grandes. Creo que yo mismo voy a pasar a la historia por ser uno de los amigos de Emilio Saad


sábado, 19 de septiembre de 2009

El Grito




Por Victoria (7 años)



Una tarde yo estaba viendo el programa “Los Hechiceros de Waverly Place” en el Disney Chanel. Y en ese programa mostraron varios cuadros, entre ellos estaba el famoso cuadro “El Grito”
El cuadro “El Grito” de Munch[1] es muy impresionante. Cuando lo vi por primera vez me impactó mucho. Es por eso que decidí hacer yo misma una copia de ese cuadro. Además me intereso saber en qué se había inspirado Munch para pintarlo.
A continuación les muestro la copia que yo pinté y además lo que pude averiguar acerca de qué es lo que a Munch lo había inspirado.




“La fuente de inspiración para El grito podría encontrarse, quizá, en la atormentada vida del artista, un hombre educado por un padre severo y rígido que, siendo niño, vio morir a su madre y a una hermana. En la década de 1890, a Laura, su hermana favorita, le diagnosticaron una dolencia bipolar y fue internada en un psiquiátrico. El estado anímico del artista queda reflejado en estas líneas, que Munch escribe en su diario hacia 1892:

Paseaba por un sendero con dos amigos - el sol se puso - de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio - sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad - mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.

Munch inmortalizó esta impresión en el cuadro La desesperación, que representa a un hombre con un sombrero de copa, de medio lado, inclinado sobre una prohibición y en un escenario similar al de su experiencia personal” http://es.wikipedia.org/wiki/El_grito

[1] Edvard Munch (, Noruega, 12 de diciembre de 1863 - Ekely, cerca de Oslo, id., 23 de enero de 1944) fue un pintor y grabador noruego expresionista. Sus evocativas obras sobre la angustia influyeron profundamente en el expresionismo alemán de comienzos del siglo XX. En su propio país se le considera el único artista noruego de resonancia internacional.